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200 años de nuestro ingeniero mayor, Francisco de Albear |
| Publicado: 2016.01.11 - 17:59:48 / alinaig@enet.cu / Alina Iglesias Regueyra |
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Por la obra se conoce al hombre, dice un viejo refrán. Y cuando la obra es duradera, igual se torna el recuerdo de su autor.
Cada 11 de enero en Cuba se celebra el Día del Ingeniero. Pues en esta fecha de 1816, hace hoy exactamente 200 años, vio la luz en el Castillo de los Tres Reyes Magos del Morro, Francisco de Albear y Fernández de Lara, hijo de un coronel de ingenieros de La Habana y una trinitaria hija de españoles.
Fue creador entre otras numerosas construcciones, de una de las siete maravillas de la ingeniería civil cubana, que aun sigue en funcionamiento para dotar de agua a una parte de la población habanera: el Acueducto de Albear.
Esta instalación vino a solucionar el problema del agua en la villa de San Cristóbal, que desde fecha tan lejana como la de su fundación venía arrastrando, a pesar de la existencia de la Zanja Real inaugurada a finales del siglo XVI, única e inicial obra con que se contó, por más de dos siglos, para abastecer del vital líquido a la ciudad, y condición que permitió obtener el título de capital.
Las aguas de este conducto llegaban hasta el Callejón del Chorro, en el corazón de la ciudad de antaño, pero esto no bastaba y a principios del siglo XIX se comienzan las obras del Acueducto de Fernando VII, a partir del río Almendares.
Este transcurría por el Cerro y la Calzada de Jesús del Monte, en el actual municipio de Diez de Octubre, hacia las antiguas puertas y murallas habaneras, y luego entraba para satisfacer a la población que residía en su interior.
Mas, la ciudad siguió expandiéndose y ni la Zanja Real ni el Acueducto de Fernando VII cubrían la necesidad más perentoria de sus pobladores.
Francisco de Albear, huérfano de padre a sus ocho años, había estudiado la carrera militar como su progenitor, pero se encamina hacia la ciencia por vocación y cursa en apenas tres años los estudios requeridos en la Academia de Ingenieros de Guadalajara, con las mejores notas y el primer lugar de su graduación, lo que le vale su primer ascenso.
En febrero de 1844 le es notificado su regreso a Cuba como subinspector, no sin antes viajar en comisión de servicio por varias regiones de Europa. De esta manera conoce los avances más frescos en su especialidad. En Francia se reúne con físicos y otros hombres de ciencia. También visita Bélgica y Prusia. En Gran Bretaña realiza investigaciones sobre puentes. Después de este periplo de estudios, un año más tarde, en abril de 1845, llega a Cuba.
Se incorpora a la Subinspección de Ingenieros, y es ascendido a Teniente Coronel de infantería en 1846. Sus primeros trabajos se inician en la parte central del archipiélago, y al regresar tras un año continúa creando y dirigiendo trabajos a pie de obra.
En ocho años interviene en casi dos centenares de proyectos, análisis y construcciones como tendido de puentes, faros, muelles, carreteras, edificios, fuentes de agua, instalaciones de líneas telegráficas -las primeras en Cuba-, y la planeación de una carretera central para toda Cuba, entre otras obras.
Su Proyecto de Conducción a La Habana de las Aguas de los Manantiales de Vento, fue premiado con Medalla de Oro, primero en la ciudad norteamericana de Filadelfia, y luego en la Exposición universal de París de 1878, por su excelencia; considerándosele una obra maestra de la ingeniería de su tiempo, según se hizo constar por escrito.
Después de muchos tropiezos, a trescientos años de la Zanja Real, en 1893, comienza a funcionar el Acueducto de Albear, una joya ingenieril donde la exactitud técnica, la belleza de su diseño y la seguridad de su funcionamiento hacen posible, aun hoy, el consumo de un agua potable que no necesita impulsión mecánica mediante implementos urgidos de combustible que la contaminen, para trasladarse hacia su destino.
El nombre de Francisco de Albear y Fernández de Lara sigue vivo en su obra, que abastece, a más de un siglo de creada, a la urbe que lo vio nacer, con casi el 20 por ciento del agua necesaria para su diario vivir.
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