
Ahí estuvo la multitud como cada mayo: comprometida, enérgica y orgullosa del proceso revolucionario que ha logrado construir.
Entre su gente, trabajadores de la salud y educación cubana, obreros de la construcción, del transporte, del sector del Turismo, las Comunicaciones e Informáticas. Estudiantes, también, de las escuelas militares, jóvenes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y del Ministerio del Interior.
Un mar de pueblo, que desde hace 50 años, desfila ininterrumpidamente frente a la capitalina Plaza de la Revolución José Martí, y esta vez, argumentó entre sus razones el cese del bloqueo y la libertad de los Cinco antiterroristas prisioneros injustamente en los Estados Unidos.
Con la consigna central de Preservar y Perfeccionar el Socialismo, el gigantesco bloque del Ministerio de Salud Pública de Cuba, MINSAP, inició el colorido desfile, en el que participaron, además, 209 organizaciones solidarias del mundo y más de 1900 amigos de la Isla, en representación de 117 países.
Los motivos de su presencia los resume un líder sindicalista del Uruguay: para los obreros de gran parte del mundo Cuba es la meca, es la luz y el camino de los trabajadores de Latinoamérica. Un primero de mayo se celebra en mi país, pero el acontecimiento se torna diferente: no es el pueblo quien desfila y los políticos lanzan sobornantes. Por eso soñamos con un primero de mayo en Cuba y lo hemos cumplido porque estamos aquí.
Así piensan también, los integrantes de las Brigadas de Solidaridad, que viajan cada año a la Isla.Y es que la marcha enamora por sus consignas, el sonido jubiloso de las canciones, sus oradores y la excelente organización que se entreteje entorno al hecho.
Para cumplirlo, un gran número de trabajadores no duerme desde la noche anterior y se incorpora al otro día, ávido de transitar frente a una tribuna, que inspira respeto en cualquier lugar del mundo donde se visualice a través de los medios de comunicación.
“Por Cuba estamos aquí, por nuestra Revolución victoriosa”, se escuchó decir a cientos de trabajadores. En la Plaza miles de ellos: codo con codo, obreros y artistas, técnicos e intelectuales.
“Es importante que nosotros sigamos respaldando por todas las vías nuestra Revolución, nuestro perfeccionamiento. Quiero decir que no es una Revolución perfecta pero es la que más amamos”, afirmó el destacado pianista cubano Frank Fernández, y prosiguió: “nuestro país tiene errores pero no he encontrado otro en el mundo más humano que el mío”.
Así se expresan los hombres de bien. Esos que pululan y se multiplican desde oriente hasta occidente y que cada mayo dicen presente al llamado de la Patria.

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