Como vitral de impecable factura, los años de una intensa vida se asoman a contarnos la historia de esta nonagenaria diva. De Camagüey y para el mundo, Candita Batista ha sido ovacionada por el sello particular y cubanísimo de su bien timbrada voz.
Algunos la reconocen como la artista. Otros la han bautizado como la “Vedette Negra de Cuba” o la “Negra afrocubana”. Incluso varios aseveran que se trata de la persona de más edad en el ejercicio profesional en la música en el país.
Lo cierto es que más allá de los méritos y denominaciones atribuidos a esta intérprete, en ella habita una mujer amable, apaleada por las angustias de la vida como cualquier ser humano y más que eso, una mujer intrépida y dispuesta a entregarse en cuerpo y alma a una pasión: cantar.
El número dos de la calle Cristo, en el legendario Camagüey, ha sido el amparo de épocas esplendorosas, de recuerdos trastocados por los años, y testigo fiel del abrazo amigo y afinado de las genuinas peñas y descargas en el patio de su casa.
Quizás usted la vea y no sepa que es ella, la cantante. Mas la gracia de Candita es única. Inigualable el equilibrio de su moño por encima del turbante. Agraciada la sonrisa alegre y coqueta, esa que la mantiene intacta en el tiempo y oculta su prolongada existencia.
La discriminación de la raza negra no la amilanó. De hecho, a pesar de los rechazos que sufrió por su color antes del triunfo revolucionario en Cuba, recorrió medio mundo y compartió escena con Lola Flores, Charles Aznavour, Josephine Baker, Nat King Cole, Rosita Fornés, Esnesto Lecuona y Bola de Nieve. Sin dudas, experiencias que cultivó y constituyen aval de una brillante carrera.
Debutó como la primera mujer camagüeyana que cantó con una orquesta. Los más diversos géneros de la música popular cubana figuran en el repertorio de Candita, el son, la guaracha, el feeling, la rumba y el guaguancó, pero sin dudas, será “lo afro” lo que marque su estilo.
El amor por el arte la desborda y la convierte en Hija Ilustre de la Ciudad de Camagüey, homenaje que profesa el pueblo a más de siete décadas de vida artística, durante las cuales repartió el folclor cubano por Europa y América.
Con humildad, Candita Batista llegó a la cima, un espacio con el que ni siquiera soñó. Hoy, su candor va más allá de la fama, más allá de un premio. Sencillamente, porque tiene el don de tocar la gloria con su voz. Cuba la respeta por aquella versión inmortal de “Angelitos Negros”. En tanto, Camagüey la reclama y acoge como alguien muy especial entre sus hijos. De esos que ni siquiera el tiempo puede hacer olvidar. (Lísabell Sánchez Somonte/ Radio Cadena Agramonte).