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Una Declaración vigente en su espíritu y su letra |
| Publicado: 2019.09.03 - 09:16:30 / web@renciclopedia.icrt.cu / Ana Rosa Perdomo Sangermés |
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A las cinco de la mañana del viernes 2 de septiembre de 1960 los primeros trabajadores cubanos comenzaban a llegar a la Plaza de la Revolución para asistir a un acontecimiento histórico y al compromiso irrenunciable de ¡Patria o Muerte!
Horas más tarde una impresionante multitud, que se calculaba en más de un millón de personas, se hacían presentes en la Asamblea General Nacional del Pueblo convocada por su líder indiscutible, el Comandante en Jefe Fidel Castro, quien con sus enérgicas palabras dio repuesta a la farsa orquestada por la Organización de Estados Americanos (OEA) contra Cuba, desde territorio de Costa Rica.
Aquella intervención de Fidel se conoce como la Primera Declaración de La Habana y ha devenido símbolo de combatividad, firmeza de principios y profundo aliento latinoamericanista del pueblo cubano, pues en su contenido quedaba recogida su voluntad ante el ejercicio de la soberanía y condenaba “en todos sus términos la denominada Declaración de San José de Costa Rica, dictada por el imperialismo norteamericano y atentatorio a la autodeterminación nacional, la soberanía y la dignidad de los pueblos hermanos del Continente…”
La OEA estaba desempeñando el papel asignado por Washington para crear una pantalla “panamericana” que sirviese de cobertura para la agresión a Cuba. En el Teatro Nacional de San José “una atmósfera fosilizada para espíritus fosilizados”, como la calificara el Canciller de la Dignidad Raúl Roa, servía de escenario a esa reunión efectuada apenas días antes, el 21 de agosto de ese año.
De ese encuentro emergió la declaración anticubana y contrarrevolucionaria, cuyos objetivos se resumían en tres puntos: el aislamiento de la Revolución Cubana, la convalidación oficial del mayor número posible de gobiernos para una futura acción militar contra Cuba, y el sometimiento y obediencia de los Estados miembros de la OEA a la disciplina del llamado sistema interamericano que controlaba Washington.
Se trataba así de aplastar a Cuba con una mano y con la otra se intentaba provocar un aborto de las inquietudes progresistas y antimperialistas en la región.
La reacción de Cuba no se hizo esperar. La Revolución respondió a aquella infamia de manera contundente, con uno de los más extraordinarios actos de reafirmación revolucionaria visto hasta entonces.
Se proclamó allí, junto a la imagen de José Martí, “el derecho de los campesinos a la tierra; el derecho del obrero al fruto de su trabajo; el derecho de los niños a la educación; el derecho de los enfermos a la asistencia médica y hospitalaria; el derecho de los jóvenes al trabajo; el derecho de los estudiantes a la enseñanza libre, experimental y científica; el derecho de los negros y los indios a la dignidad plena del hombre; el derecho de la mujer a la igualdad civil, social y política; el derecho del anciano a una vejez segura; el derecho de los intelectuales, artistas y científicos a luchar, con sus obras, por un mundo mejor…”
Con respecto a América Latina y el Caribe, la Primera Declaración de La Habana también proclamó “el derecho de los Estados a la nacionalización de los monopolios imperialistas, rescatando así las riquezas y recursos nacionales; el derecho de los países al comercio libre con todos los pueblos del mundo; el derecho de las naciones a su plena soberanía y…a convertir sus fortalezas militares en escuelas…”
Cuando aquel 2 de septiembre, hace casi seis décadas, Fidel dijo a los presentes en la Plaza: “Los que apoyan la Declaración, levanten la mano”, más de un millón de brazos humildes y laboriosos se levantaron al unísono como respuesta afirmativa y demoledora del pueblo cubano frente a los planes del gobierno norteamericano de Eisenhower y sus aliados.
La trascendencia histórica de la Primera Declaración de La Habana llega hasta el presente con su espíritu y su letra como ejemplo de reafirmación de los principios de independencia, dignidad y solidaridad, que Cuba ha sabido engrandecer con el paso de los años y el fortalecimiento de su Revolución.
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