Días de Pesca es un pequeño drama humano, una pieza breve que trascurre en una inconmensurable Patagonia que nos regala un paisaje que hace enmudecer por su inmensidad, por sus vacios, por su particular belleza.
La más reciente propuesta cinematográfica del argentino Carlos Sorín llega al Festival del Nuevo Cine Latinoamericano precedida de favorables críticas que hablan de un regreso del director a aquellas tan bien recibidas Historias Mínimas que le valieron premios internacionales.
Días de Pesca, ahora, nos acerca a un ex alcohólico que decide intentar cambiar el rumbo de su vida después de ser internado para desintoxicarse. Como parte del tratamiento, le sugieren que elija un hobby, y él se decide por la pesca. Con tal propósito viaja a un pequeño pueblo en la temporada de pesca del tiburón, pero también va en busca de su hija, de quien no ha sabido nada durante años...
La filmografía de Sorín no es amplia pero sí reconocida por su manera de contar, de mostrar singulares protagonistas que nos envuelven al regalar argumentos de calidad en sus – aparentes - simples historias.
La sutileza de la narración, la sencillez de sus personajes, incluso el empleo de actores no profesionales distinguen regularmente su trabajo. Ahora regresa a la Patagonia, una geografía recurrente en su filmografía, de la mano de este hombre maduro que anhela reconstruir la relación con su hija.
El protagonista, interpretado por Alejandro Awada, nos acerca a emociones contenidas, a errores del pasado y a una necesidad de lograr la reconciliación familiar.
Excelente actuación de Awada, contenida, amable, con infinidad de recursos histriónicos que nos permiten la identificación rápida porque nos conmueve solo con gestos, con miradas, con la intensión de sus palabras.
Pequeña, sencilla, humana, creíble, Días de Pesca compite en la sección oficial de largometrajes del festival habanero y puede incluirse, de seguro, entre las películas que el público agradece.