Cada 22 de mayo, en ocasión del Día Internacional de la Diversidad Biológica, muchos en el mundo vuelven su mirada hacia la situación que afronta la degradación de los ecosistemas, las especies que se extinguen, la pérdida de la diversidad genética que amenaza la seguridad alimentaria, la contaminación, la erosión de los suelos, el agotamiento de los nutrientes, la escasez de agua, la salinización, entre otros problemas acuciantes.
El funcionamiento de los ecosistemas de los que depende la humanidad para obtener alimentos y agua dulce, para disfrutar de buena salud y de espacios de esparcimiento, y para estar protegidos frente a catástrofes naturales, está basado en la diversidad biológica. Su pérdida también la afecta cultural y espiritualmente.
La Asamblea General de las Naciones Unidas realiza sistemáticos llamados a la conciencia de las poblaciones y Estados del planeta relativos a la necesaria protección y preservación ecológica, y a la urgencia por detener de manera inmediata la acelerada pérdida de la diversidad biológica, que pone en grave riesgo el futuro de la humanidad.
Múltiples han sido los esfuerzos en este sentido, todavía insuficientes, desde que el 22 de mayo de 1992 se firmara el Convenio sobre la Diversidad Biológica a ese nivel, que ha sido el instrumento internacional para conservarla, utilizar de manera sostenible sus componentes, y participar justa y equitativamente en sus beneficios.
El acuerdo ha sido ratificado hasta ahora por 196 países, aunque todavía no se observa la merecida intencionalidad de algunos Estados por el cumplimiento de sus objetivos a mediano y largo alcance. En muchos casos no le atribuyen su debido valor al medio ambiente y sus recursos, a la aceleración insostenible del crecimiento de la población y del consumo de recursos naturales, a la reducción de productos agrícolas, forestales y pesqueros, así como al deterioro y fragmentación del hábitat.
Las celebraciones de 2019 en este Día se centran en la biodiversidad como la base de alimentación y salud, y como catalizador clave para transformar los sistemas alimentarios y mejorar la salud de los seres humanos. De ahí el lema seleccionado para esta ocasión: “Nuestra biodiversidad, nuestra alimentación, nuestra salud”.
Cuba posee una alta diversidad biológica a partir de su cuidado y conservación, con el amparo de la voluntad política del Estado, y la aplicación de la ciencia y la investigación en diversos proyectos con ese fin.
Las profundas transformaciones económicas y sociales le han permitido al país alcanzar importantes metas, que para muchos otros países siguen siendo lejanas.


No obstante, está presente el inadecuado manejo de determinados ecosistemas frágiles, la destrucción del hábitat natural de especies, la aplicación de una agricultura intensiva con baja rotación de cultivos, así como insuficiente integración de estrategias de conservación y uso sostenible de la diversidad biológica con las actividades de desarrollo económico, entre otras.
La Agencia y la Dirección de Medio Ambiente del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio ambiente (CITMA) conformó para el período 2016-2020 un Programa Nacional para la Diversidad Biológica que ha venido ejecutándose de manera satisfactoria y con resultados alentadores, además de otros diversos programas contenidos en la Estrategia que con esa finalidad se trazó el país desde 1999.
La misión fundamental está en concientizar a todos sobre la importancia de preservar la biodiversidad, controlar las amenazas hacia los ecosistemas, así como conservar adecuadamente los hábitats, las especies y los genes. Para lograrlo, son 20 las metas a alcanzar por parte de los organismos responsables de su cumplimiento en Cuba.
Conocer, conservar y utilizar sosteniblemente la diversidad biológica no es tarea de un solo día. Se requiere voluntad y esfuerzo permanente, porque ¡S.O.S. Biodiversidad! es el llamado permanente.