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Muero por la Revolución |
| Publicado: 2012.01.09 - 16:05:39 / web@renciclopedia.icrt.cu / Daynelis Rodríguez Peña |
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México, 10 de enero de 1929. Es de noche y el joven Julio Antonio Mella camina por la ciudad de la mano de su novia, Tina Modotti. Tal vez, hablan de los preparativos de la expedición que lo traerá a Cuba para incorporarse a la lucha armada, cuando de pronto unos disparos le sorprenden.
“Machado me mandó a matar… Muero por la Revolución… Tina me muero”. Serían las últimas palabras del líder estudiantil, cuya labor política lo convirtió en un guía revolucionario de talla internacional.
Mella, como casi todos los cubanos le decimos, fue vilmente asesinado por el gran peligro que representaban sus ideas y accionar revolucionario para el gobierno de Gerardo Machado.
Recordemos que a su interés por la renovación universitaria se unía la preocupación política por la modernización de la sociedad, en busca de un país democrático y la participación de los estudiantes en la vida nacional.
Su ideario nunca se paralizó. En 1922 fundó la Federación Estudiantil Universitaria (FEU), al calor de las reformas desarrolladas en América, y un año después, organizó y dirigió el Primer Congreso Nacional de Estudiantes e inauguró la Universidad Popular José Martí.
Como un completo líder estudiantil, incursionó en el periodismo, publicando sus primeros trabajos en la revista universitaria Alma Máter, de la cual fue administrador.
También fue director y redactor de Juventud (1923 – 1925), fundador de la Liga Anticlerical (1924) y de la sección cubana de la Liga Antiimperialista junto a Carlos Baliño y Rubén Martínez Villena. Con Baliño fundó, además, el Partido Comunista de Cuba, donde desempeñó el cargo de secretario de organización.
De su vida podemos destacar que aparece inscrito en el Registro Civil como Nicanor Mac Pórtland, hijo del próspero sastre Nicanor Mella Breá, quien dictaba la moda en la capital habanera, y de la joven inglesa Cecilia Magdalena Mac Pórtland y Diez, procedente de Hampshire, Inglaterra.
A medida que fue creciendo, su sueño de ser militar -como su abuelo paterno- y pelear por la Patria americana se convirtió en fuerte resolución. El anhelo de matricular en el Colegio Militar de San Jacinto lo lleva a emprender en 1920 viaje a México, país en revolución desde donde comprendió la doble moral imperialista que se declaraba con el "panamericanismo" y la "democracia".
Visitar la patria del prócer Benito Juárez le permitió, además, precisar definitivamente cuál era el enemigo principal de los pueblos de América y plantearse la vía de la unidad latinoamericana para derrotarlo.
De esta vivencia narraría en una de sus crónicas tiempo después: “(…) Los pueblos hermanos que un loco tenaz descubriera, cachorros de un caduco león son hoy presas de un águila estrellada. ¿Por qué razón? ¿Por qué justicia? Por ninguna (...) Ver unidas a las repúblicas hispanoamericanas para verlas fuertes, dominadoras y servidoras de la libertad (…) he aquí mi ideal (…)".
Y por cumplirlo luchó. Cuando en 1926 el General Gerardo Machado lo expulsó de la Universidad por sus acciones revolucionarias y de rebeldía, fue detenido por las autoridades y se declaró en huelga de hambre.
Ante el encarcelamiento sin pruebas, el joven Rubén Martínez Villena y el periodista Muñiz Vergara (Capitán Nemo), decidieron interceder por él ante el mismísimo presidente.
La respuesta del dictador Machado no se hizo esperar: “Mella será un buen hijo, pero es un comunista (...) Es un comunista y me ha tirado un manifiesto, impreso en tinta roja, en donde lo menos que me dice es asesino (...) ¡Y eso no lo puedo permitir!”
Villena no pudo contenerse entonces y preso de la ira y con tono desafiante le espetó: “¡Usted llama a Mella comunista como un insulto y usted no sabe lo que es ser comunista! ¡Usted no debe hablar de lo que no sabe!”
Machado, replegándose como un tigre furioso que se prepara para saltar le contestó: “Tiene usted razón, joven (...) Yo no sé lo que es comunismo, ni anarquismo, ni socialismo (...) Pero a mí no me ponen rabo, ni los estudiantes, ni los obreros, ni los veteranos, ni los patriotas (...) ni Mella. ¡Y lo mato, lo mato!”
A este incidente le seguiría el exilio de Mella en México, donde se vinculó al movimiento revolucionario continental e internacional del que fue nombrado secretario general.
Desde dicha posición estableció contacto con los revolucionarios y demócratas de toda la región e impulsó las actividades preparatorias para un evento internacional.
En febrero de 1927 asistió al Congreso Mundial contra la opresión colonial y el imperialismo, celebrado en Bruselas, en el cual contactó con los luchadores anticolonialistas de 37 países y 137 organizaciones progresistas del mundo.
Un año después conoció a la fotógrafa y revolucionaria italiana Tina Modotti, surgiendo entre ambos una pasión amorosa que solo duró cuatro meses.
La noche del asesinato, Mella andaba caminando del brazo de su compañera cuando lo ultimaron a balazos. Un disparo le atravesó el codo izquierdo y el intestino y el otro le perforó el pulmón.
Tina grita, pero no llora ante el cuerpo del caído. Sin embargo, llora después, cuando llega a su casa al amanecer y ve los zapatos de Mella, vacíos, como esperándolo bajo la cama.
Las cenizas del líder estudiantil fueron trasladadas a Cuba el 29 de septiembre de 1933 y su figura es un símbolo y ejemplo para todos los jóvenes de nuestro país.
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