
Cuando la embajadora de los Estados Unidos ante la Organización de las Naciones Unidas (ONU), Kelly Craft, quiso limpiar el jueves último los desmanes de su administración, desconociendo cualquier responsabilidad de daños al pueblo de Cuba por el bloqueo, la respuesta del mayor archipiélago antillano fue contundente y veraz: “el imperio sí es responsable”.
Tras la afirmativa de nuestro canciller Bruno Rodríguez Parrilla en la ONU, como parte de los debates previos a la votación sobre la Resolución que presenta Cuba cada año a ese nivel, el diplomático desmontó lo dicho por la representante estadounidense, quien dio borrón a los efectos genocidas de la política que se aplica injustamente por casi ya seis décadas.
“El bloqueo provoca daños humanitarios incalculables”, dijo el Ministro cubano de Exteriores en respuesta a la retórica norteamericana que manipuló burdamente la Declaración Universal de Derechos Humanos, y en el contexto de su “Artículo 3: Derecho a la vida”, agregó que “califica como un acto de genocidio a tenor de los incisos b) y c), del Artículo 2 de la Convención para la Prevención y Sanción del Delito de Genocidio de 1948”, y que “no hay familia cubana que no sufra sus consecuencias”.
En datos, los daños ocasionados por el severo y prolongado sistema de sanciones que aplica los Estados Unidos de América a la nación caribeña desde 1962, recrudecido brutalmente en los últimos años, asciende según lo expresado por él mismo canciller a 922 000 millones de dólares, tomando en cuenta la depreciación del dólar frente al valor del oro; y a precios corrientes, se contabilizan las secuelas por más de 138 000 millones.
Solamente la estadística, obviando por un instante el inmedible perjuicio social y humano, es argumento más que suficiente para desarticular el contrasentido de lo expresado por Kelly Craft, y admitir que la política deviene -como apuntó nuestro canciller-, “impedimento esencial a las aspiraciones de bienestar y prosperidad de varias generaciones de cubanos”.
Continúa siendo, dijo también, el obstáculo fundamental al desarrollo económico del país, representando “un freno para la actualización del Modelo de Desarrollo Económico y Social y para la implementación del Plan Nacional 2030, para la aplicación de la Agenda 2030 y el cumplimiento de sus Objetivos de Desarrollo Sostenible”.
Teniendo en cuenta lo anterior, deslució el imperio este jueves 7 de noviembre ante los argumentos de las naciones, quienes propiciaron 187 votos a favor de que se elimine de inmediato y sin condicionamiento alguno, el bloqueo hacia Cuba.
Para el canciller de la República Bolivariana de Venezuela, Jorge Arreaza, el cerco es un castigo colectivo que emana de los caprichos, la soberbia y de los que se creen superiores y dueños del mundo, en nombre de los que habló Craft; advirtiendo que no es por la vía de la intolerancia política que se deben manejar las relaciones en el orden internacional.

Este jueves en la ONU, hasta de los países en contra llegó a Cuba el apoyo fraternal de sus pueblos, en fuerte rechazo a la posición gubernamental, resaltando la vergüenza expresada por el brasileño Paulo Pimienta (Líder de la bancada del Partido de los Trabajadores en la Cámara de Diputados), quien valoró de sumisión la postura del presidente Jair Bolsonaro, al justificar su comportamiento de Colonia a la actual administración de Donald Trump.
Tras querer los Estados Unidos de América desentonar el voto contra el bloqueo, venció Cuba y junto a ella la solidaridad, quedando solo razones para entender por qué desde la gran tribuna del mundo el omnipotente gobierno “afinado”, desafina también.