
Cuando se estudia la historia de la Revolución cubana, rica en hechos heroicos y entrega sin límites del pueblo, se logra aquilatar en toda su dimensión a los jóvenes que, con valentía y total desprendimiento, entregaron todo por la libertad de su patria, aun al costo de sus propias vidas.
En esta fecha, se recuerda con especial admiración a la joven Urselia Díaz Báez, que con solo 18 años de edad se convirtió en la primera mujer mártir en la lucha clandestina contra la tiranía batistiana, cuando explotó en sus manos la bomba - reloj que iba a depositar en uno de los baños del cine América, de La Habana.
Han transcurrido 62 años de aquel suceso que cegó la hermosa vida de una de las jóvenes más fieles y audaces de la clandestinidad en la etapa precedente al triunfo revolucionario y que con justicia se ha situado entre los mártires del estudiantado cubano, junto a Fructuoso Rodríguez, José Machado “Machadito”, José Antonio Echevarría, Joe Westbrook, y otros muchos que, a pesar de su corta edad, se enfrentaron resueltamente a las bestias que llenaban a Cuba de sangre.
Siempre dio muestras de un hondo sentido patriótico y unas ansias inmensas de superación constante y profundización en su pensamiento político, para lo cual leía sistemáticamente a José Martí, estudiaba su vida y obra con dedicación y se esforzaba por obtener buenos resultados como estudiante del cuarto año de bachillerato.
En pleno desarrollo de sus sueños conoció el amor bello y pleno junto a Tony Briones Montoto, también su compañero de lucha, y fue protagonista de innumerables manifestaciones estudiantiles, mítines, protestas en la calle, así como en tareas de agitación y propaganda que le fueron asignadas como miembro de los grupos de acción del Movimiento 26 de Julio.
Fue la única que murió en cumplimiento de una acción revolucionaria durante la dictadura de Fulgencio Batista y constituye un ejemplo de la abnegación y el patriotismo de lo mejor de la juventud cubana. Sus actividades revolucionarias en contra de la tiranía la llevaron a ganarse el apoyo de sus compañeros de aula y a la vez a convertirse en joven temida por los sicarios de la opresión.
Su mayor anhelo era estudiar Medicina en la Universidad de La Habana y por eso se esforzaba a diario en los estudios, además de llevar las actividades clandestinas con profunda disciplina y exactitud.

El martes 3 de septiembre de 1957, después de examinar Ciencia Naturales, la última asignatura que le quedaba para concluir el cuarto año de bachillerato en el Instituto de La Habana, Urselia y otros compañeros fueron a una cafetería cercana al plantel. El alboroto juvenil no hacía creer a los demás clientes que allí ultimaban detalles para protestar por los festejos auspiciados por el gobierno para el 4 de septiembre, en ocasión de otro aniversario del primer golpe de Estado de Batista, acción revolucionaria que le costó la vida.
Su ejemplo irradia hasta nuestros días y es tomado con frecuencia como referencia del heroísmo de la juventud cubana en diferentes momentos de la historia patria. Una tarja develada por sus compañeros de lucha del Movimiento 26 de Julio en la fachada del cine teatro América, recuerda a todos los paseantes que allí murió una joven revolucionaria cubana.
A la distancia de más de seis décadas, este 3 de septiembre no faltará la rememoración sobre su corta pero fructífera vida, unido al compromiso por continuar batallando en la defensa de Cuba y la alegría por el inicio exitoso de un nuevo curso escolar 2019 -2020 en una patria libre y soberana, como soñó Urselia.