En mi andar por la arteria citadina de 20 de Mayo, cuya prolongación coincide con uno de los carriles de la Avenida Paseo, suelo visitar y reverenciar en su monumento, al cubano mayor, que apostó por el mejoramiento humano. Este día volví a José Martí y a los pies del Maestro, recordé algunas de sus lecciones de generosidad.
Quizá por eso, la memoria me devolvió aquella gira que hace algún tiempo el cantautor cubano Silvio Rodríguez, junto a otros músicos realizaron por centros penitenciarios de todo el país. Un regalo benefactor para seres humanos, privados de la libertad.
Lo que Silvio y sus colegas llamaron Expedición, fue a mi juicio, como un Oasis de consideración hacia personas con penas que laceran su mundo interior; pero con derecho a corregirlas y enmendarlas, para luego reinsertarse en la sociedad.
En uno de los comentarios de prensa publicados en la Red digital se cita al autor de Ojalá, cuando dijo: "Hago esto partiendo de que las prisiones son dolorosas pero son necesarias porque son una forma de defensa que tiene la sociedad (…) Estamos aquí porque creemos en ustedes. Creemos que son ni más ni menos; lo mismo que somos nosotros, hijos de esta tierra, hijos de este pueblo y los queremos pronto fuera".
Expedición, ha sido una experiencia muy singular: la cultura cubana llegó a las prisiones, con un regalo de afecto y de consideración al ser humano, que más allá de la semántica, es un motivo.
Cultura itinerante y humanitaria en prisiones cubanas