
No se trata de José Francisco Martí sino del libro de versos que con tanto amor y dedicación escribiera el Apóstol para su pequeño en la ciudad venezolana de Caracas y que este viernes celebra su siglo y más de existencia.
Con el poemario Ismaelillo José Martí se hizo más universal entre los niños del planeta porque puso en sus manos lo que muy pocos escritores de su tiempo se atrevieron a ofrecer en su literatura infantil. En él Martí habla de espanto, de desesperación.
Es como si en el volumen nuestro Héroe Nacional quisiera brindarle los consejos más preciados que un padre puede dar a un hijo porque sabe que, tal vez, no tenga el tiempo suficiente para decirlos personalmente por su deber con la Patria.
Ismaelillo constituye el primer libro de versos de Martí y en él deja el impulso arrebatador de sus visiones. Para explicarlas utiliza un lenguaje veloz, de aparente despojamiento verbal, pero que encubren toda una serie de metáforas recias y profundas que distinguen su pensamiento.
Dígame mi labriego
Cómo es que ha andado
En esta noche lóbrega
Este hondo campo?
Dígame de qué flores
Untó el arado,
Que la tierra olorosa
Trasciende a nardos?
Dígame de qué ríos
Regó este prado,
Que era un valle muy negro
Y ahora es lozano?
Otros, con dagas grandes
Mi pecho araron:
Pues ¿qué hierro es el tuyo?
Que no hace daño?
Estudios recientes sitúan la creación del texto durante los meses en que nuestro Héroe Nacional estuvo en Venezuela: enero y julio de 1881. Sin embargo, no es hasta el 9 de diciembre de ese año que se encuentra en las prensas para ser publicado oficialmente por primera vez.
Para ese entonces, Martí, ha vivido imborrables experiencias personales y de lucha las cuales le impulsan a escribir la hermosa y conocida carta introductoria del Ismaelillo:
"Hijo:
Espantado de todo, me refugio en ti.
Tengo fe en el mejoramiento humano, en la vida futura, en la utilidad de la virtud, y en ti.
Si alguien te dice que estas páginas se parecen a otras páginas, diles que te amo demasiado para profanarte así. Tal como aquí te pinto, tal te han visto mis ojos. Con esos arreos de gala te me has aparecido. Cuando he cesado de verte en una forma, he cesado de pintarte. Esos riachuelos han pasado por mi corazón.
¡Lleguen al tuyo!"
También el mensaje de estas lindas palabras llegue a usted.