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El extraordinario legado de Rosa Elena Simeón |
| Publicado: 2019.10.22 - 10:28:06 / web@renciclopedia.icrt.cu / Eduardo González García |
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Una de las mayores satisfacciones de mi vida es haber conocido a personas de gran valía, entre ellas, a la doctora Rosa Elena Simeón Negrín, lamentablemente fallecida el 22 de octubre de 2004, hace hoy 15 años.
La perdimos con solo 61 años de edad, cuando más la necesitaban Cuba y el mundo, como abanderada en la más decisiva batalla que libra la humanidad por su supervivencia: detener y revertir la destrucción del medio ecológico, antes de llegar a un punto de no retorno y a la extinción de la propia especie humana.
La mayoría de los cubanos la recordamos como la brillante Ministra de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente, cargo que desempeñó desde el día de la constitución de ese organismo, en 1994, hasta su último aliento.
Sabemos de su paradigmática bondad, su sencillez y naturalidad; la sonrisa que siempre afloraba a sus labios, sin que estos atributos mermaran un ápice su carácter firme, tenaz e intransigente a la hora de exigir la dedicación al cumplimiento de una tarea.
Para ello, en el desempeño de múltiples cargos de alta responsabilidad, tenía el respaldo de su ejemplo personal.
Rosa Elena nació en Bejucal, un poblado periférico de La Habana, el 17 de junio de 1943, hija de un obrero tabaquero y una empleada farmacéutica.
La Revolución le llegó en la perfecta edad de los 16 años, y ella la abrazó desde el primer momento con la firmeza y el amor que dan la cuna humilde y la mente privilegiada.
No faltó a ningún reclamo de su tiempo: ejemplar estudiante de Medicina, alfabetizadora, fundadora de los Comités de Defensa de la Revolución y de la Federación de Mujeres Cubanas, movilizada como sanitaria en la Crisis de Octubre, militante de la Unión de Jóvenes Comunistas...
Por sus méritos, la médica recién graduada fue ubicada como investigadora en el Centro Nacional de Investigaciones Científicas (CNIC), la única entidad capacitada para realizar investigaciones básicas en esa época.
Sin embargo, no tuvo reparos en cambiar su perfil profesional hacia la veterinaria, cuando le fue solicitado por necesidades del país, ir a trabajar en el Centro de Sanidad Animal (Censa).
Así continuó la carrera ascendente que la llevó a ocupar diversos cargos de altísima responsabilidad en los ámbitos profesional y político.
En 1975, obtuvo el título de doctora en Medicina Veterinaria, con su estudio sobre el enfrentamiento a la fiebre porcina africana, enfermedad introducida en Cuba como sabotaje y causante de grandes pérdidas económicas y daños a la población rural.
Simultáneamente, dio a luz a su única hija; fue nombrada directora del Censa y presidenta de su consejo científico; y elegida miembro del consejo de dirección del Instituto Superior de Ciencias Agropecuarias de La Habana.
Rosa Elena hizo notables aportes en el campo de la Virología, disertó en numerosas reuniones científicas, tanto en Cuba como en el extranjero, incluso en una consulta de alto nivel entre ministros del Medio Ambiente en América Latina, celebrada en Washington D.C.; y trabajó para la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (Fao) como experta en Virología.
Fue presidenta de la Academia de Ciencias de Cuba, de la cual, posteriormente, fue elegida miembro de honor.
Presidió la Comisión Nacional para el Medio Ambiente y los Recursos Naturales, y como tal, representó a Cuba en la Cumbre Mundial sobre Medio Ambiente y Desarrollo, celebrada en Río de Janeiro, Brasil, en 1992 y dos años después, en la Cumbre de las Naciones Unidas sobre los Pequeños Estados Insulares, en Barbados.
En 1995, fue elegida miembro del Comité Consultor de Naciones Unidas para la Ciencia y la Tecnología.
También fue miembro de las Academias de Ciencias de México y Santo Domingo, y perteneció a numerosas sociedades científicas: Asociación Cubana de Microbiología; Asociación Latinoamericana de Producción Animal; Sociedad de Microbiología de Príncipe Leopoldo (Bélgica); y Sociedad Cubana de Ciencias Veterinarias.
Rosa Elena Simeón también desempeñó importantes cargos políticos: miembro suplente del Buró Político del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y miembro del Consejo de Estado; integrante del Comité Nacional de la Federación de Mujeres Cubanas y diputada a la Asamblea Nacional del Poder Popular, entre otros.
En todas estas responsabilidades, mereció incontables reconocimientos, que se resumen en la condición de Heroína Nacional del Trabajo de la República de Cuba.
Pero su más extraordinario legado y el monumento vivo que perpetúa su memoria es el Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente, que construyó desde sus bases, con infinito amor y dedicación.
La cruel enfermedad nos la arrebató en la plenitud de su capacidad creativa y de su madurez política, cuando su incansable labor hubiera sido un inapreciable aporte al país para afrontar la actualización de nuestro modelo económico y social, en medio de la brutal escalada agresiva del imperio.
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