
Para quienes no hemos tenido la oportunidad de explorar las profundidades del Océano Pacífico, porque profesionalmente nos distanciamos de esa especialidad, la fotografía submarina es nuestra mejor aliada.
Sirvámonos entonces de ella, para admirar sus maravillas este 25 de septiembre, cuando llega casi a cinco siglos de que el hidalgo y explorador español Vasco Núñez de Balboa, lo divisara por primera vez después de haber poseído sus aguas -en nombre de los Reyes de Castilla-, nombrándolo Mar del Sur.
Sin embargo, el nombre de “Pacífico” se lo debe al explorador portugués Fernando de Magallanes, quien durante su expedición alrededor del mundo, lo nombró así porque siempre lo encontraba en calma.
Pero su historia natural dice todo lo contrario. A menudo tifones, huracanes y sismos golpean sus islas y litorales continentales.
La perfección de su fondo marino, reluce al océano como una enorme pintura subacuática y, quienes han descendido a su lecho, resaltan los picos de pendientes muy pronunciadas, sus planas cimas y arcos montañosos que ascienden sobre el nivel del mar, formando islas como las “Salomón” y “Nueva Zelanda”.
Si lo analizamos con el microscopio curioso, resalta a simple vista Australia, como la masa de tierra más grande de sus aguas y enormes estructuras como las Fosas de las Marinas, Filipinas y de Tonga.
De su terreno se extrae petróleo, gas natural y se cultivan perlas en varios de sus países limítrofes como Japón, Panamá y Nicaragua.
Su mayor riqueza es la pesca y el entorno en general, aunque un millar de cámaras no alcanzan para documentar cada detalle visible al ojo humano.
De todas formas, no importa. Las instantáneas capturadas nos revelan su belleza como lo que es: un arte vivo, pintado de azul.


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