Hoy el día amaneció diferente. Y es que antes de partir hacia las obligaciones laborales, quienes tenemos la responsabilidad de hacerlo los domingos, un derecho constitucional nos asiste.
Es el derecho y la oportunidad de elegir en las urnas de nuestros colegios electorales a los 612 diputados al Parlamento y los casi mil 270 delegados a las Asambleas Provinciales del Poder Popular, como continuidad de un proceso particular y profundamente democrático, que ha caracterizado las elecciones revolucionarias en nuestro país.
Por eso, no es un domingo cualquiera. Algo más profundo y serio nos convoca: es la fuerza de un pueblo y el respeto a sus leyes y sistema electoral.
Quienes acuden por primera vez a esta segunda etapa electiva, ya tuvieron la oportunidad de elegir a sus delegados de base a fines del 2012, y enfrentan, con la preparación e información de sus familiares, amigos, profesores y medios de comunicación, la actual jornada de votaciones.
Me refiero a muchachas y muchachos que tienen entre sus conocimientos que si de Delegados a la Asamblea Provincial se trata, la elección se efectúa en la boleta blanca; mientras que la verde, corresponde a los Diputados que nos representarán a instancias del Parlamento.
Con ese paso ciudadano incorporado y al ver en esta mañana tantas caras jóvenes en mi comunidad, algo curioso se me ocurre. Y es que de por sí, muchas de esas caritas alegres que me encontré camino a mi colegio electoral, serán sin dudas, las mismas caras un poco ya más maduras, que representen en un futuro a nuestro pueblo ante su Parlamento, con la honestidad y el compromiso que significa, para con nuestra Revolución, merecer tan alto privilegio.
Por eso este domingo el deber es votar y votar bien. Somos más de 8 500 000 cubanos, conscientes de reunir los requisitos establecidos por la Ley para ejercer el derecho de sufragio activo, y así, desde nuestra elección más personal, dar un sí por Cuba, otro por la Revolución y uno más fuerte por nuestro sistema social y de gobierno.