
“Lo más sutil y profundo de nuestra historia, se aclara con su arte incomparable”.
José Lezama Lima
¡Alicia!, qué nombre tan hermoso, nombre que evoca la tenaz artista que defendió hasta el último aliento de su vida -con elegancia, ingenio y pasión-, lo mejor de la cultura cubana. Alicia, esa palabra de poeta, esa valiente bailarina en el misterio. Ese misterio que trasciende la eternidad.
Alicia, hoy no has muerto. Es una mezquina falacia. Nos acostumbramos a tenerte siempre, de contar con tus sabios consejos; tu legado como semilla fecunda ha germinado en provechosa heredad.
Muy cerca de 99 años de vida, próximos a celebrase este 21 de diciembre, una longeva existencia regalaste, encarnada en leyenda de la danza mundial sorprendiendo a públicos más diversos del orbe.
Tu nombre es sinónimo de lo mejor del ballet internacional, con exquisita y delicada sensibilidad técnica, defendida magistralmente, marcaste época; eres piedra fundacional del Ballet Nacional de Cuba y de su novedoso método de enseñanza que son orgullo de la nación cubana y de su pueblo.
Grande fue tu entrada a la historia del arte, que comenzó como por casualidad o por simple destino. El 2 de noviembre de 1943, en el Metropolitan Opera House de Nueva York, sustituiste en el personaje Giselle a la extraordinaria Alicia Markova, la cual no pudo bailar, y el papel fue asumido por ti, una joven y hasta el momento desconocida intérprete. Desde ese instante tu huella quedó indeleblemente unida al personaje de la inocente campesina convertida en Willy. De esta manera, iniciaste una relación con el personaje, actuación que trasciende el ámbito artístico para crear un mito en la danza.
Tu encarnación de Giselle ganó el favor del público y la crítica, a lo largo de los años, se declaró tu interpretación como magistral, virtuosa y llena de perfección como la de ninguna otra bailarina.
A partir de esa actuación tu carrera fue ascendente y te hiciste mundialmente famosa con este personaje y otros. En el American Ballet recreaste significativos papeles como el de la obra de Anthony Tudor llamada Undertow y en Theme and Variations de George Balanchine, una de las más grandes piezas del célebre coreógrafo estadounidense.
Entre 1955 y 1959, bailaste cada año con los Ballets Rusos de Montecarlo como estrella invitada. Fuiste la primera bailarina del hemisferio occidental en actuar en la entonces Unión Soviética y la primera representante americana en bailar con el Bolshoi y el Kirov en los teatros de Moscú y San Petersburgo, en 1957 y 1958, respectivamente.
Durante décadas hiciste giras mundiales en países europeos, en Asia, en el norte y sur de América y bailaste como estrella invitada en el Ballet de la Ópera de París, con el Royal Danish Ballet, con el Bolshoi y otras muchas compañías.
Representaste tus cuidadosas versiones de Giselle, el Grand Pas de Quatre y La Bella Durmiente para la Ópera de París, entre otros escenarios. También llevaste a escena Giselle en la Ópera de Viena y el teatro San Carlo de Nápoles, en Italia; La Fille Mal Gardée en la Ópera de Praga y La Bella Durmiente en el Teatro alla Scala en Milán.

Alicia no te cansaste de bailar y de crear, con tu lenguaje de luz y misterio esculpiste y marcaste personajes trascendentales en el ballet como la inocente campesina enamorada, el difícil doble rol del cisne blanco y negro o la sensual gitana.
De este último personaje –Carmen-, comparto -y creo que tú también-, lo que expresó el Premio Nacional de Literatura de Cuba en 2014, Eduardo Heras León: “Tal vez el mejor elogio que pueda hacerse de Alicia en Carmen es decir que, a pesar de todo, este ballet fue creado para ella. Ella es Carmen, la Carmen tropical que nos cuenta su historia y revive la tragedia andaluza durante cuarenta y cinco minutos inolvidables”.
Cuando te vemos bailar en grabaciones de la época este personaje, no damos cuenta de que en cada composición, con cada paso, en cada giro o cada movimiento, la artista posee la rara virtud de mostrarnos, per se, el misterio de la danza.
Tu entrega al ballet no solo fue interpretativa, sino que lograste perfeccionar aspectos técnicos y coreográficos siempre con la esmerada atención en el argumento y el estilo del ballet original como es el caso de Giselle o El lago de los cisnes.
Alicia tu legado es imperecedero, al entregar siempre lo mejor de tu ser. Tu muerte nos ha llenado de dolor, porque todo el pueblo cubano reconoce en ti a una artista medular en quien se asienta la cultura nacional.
Así te recordaremos siempre Alicia, como el símbolo que has sido y seguirás siendo para nosotros los cubanos, porque cuando en cada escenario del mundo que te ovacionaban de pie, y el público enardecido gritaba: ¡Bravo, bravo Alicia!, también sentíamos en el fondo de nuestra alma que también aclamaban: ¡Bravo, bravo Cuba! Porque Alicia Alonso, tú eres Cuba.
EN TU JARDÍN
SOLAR DE MAR Y VIENTO
I
La figura del aire que de pronto se anima
y levanta su estatua fugitiva,
(con tu penacho de suspiro y sombra,
palmera giradora)
o emergente, la forma de la música
agitando su leve, sonora arquitectura.
(Tus pétalos abiertos a la aurora,
estremecida rosa)
o de la luz quizá la imagen transparente
que, en silencio sorprendido crece
(ala de amor y gracia de paloma,
estrella voladora).
La temblorosa sencillez del agua,
su desnuda presencia, su claridad descalza
(oh, flor del viento, líquida gaviota,
atormentada ola)
II
Como cuando la lluvia con sus húmedos dedos,
como cuando la tarde con su mirada absorta,
como cuando un vestido se sumerge
y queda sólo el nombre de un pájaro asustado
y un recuerdo flotando en el pañuelo,
y la voz se incorpora como para asomarse
y cruza atravesada de relámpagos;
como cuando se arroja una palabra
y en el aire una mano la recoge y la enciende,
y los cabellos tiemblan para el último grito,
y los cañaverales con sus llamas,
con su danza de llamas y su inútil secreto
que derrama la miel como la espuma
y el sol quemando la dulzura dócil
y la piel fugitiva de la estatua,
piel que devuelve al aire su sonido,
su perfecta figura.
y esa herida que pasa silenciosa
y se mueve en el fondo de los ojos nocturnos
como para librarse de su sangre
y al músculo traspasa su reposada angustia
en ese movimiento de libélula o sueño
III
Cálida, exacta, musical palmera,
en su pura razón de mar y viento,
la isla solar se ciñe a tu cadera
desde la historia de tu nacimiento.
Circula en el espacio a tu manera,
la sofocada estrella de tu aliento,
el trópico y su ardiente cabellera
con toda su pasión de mar y viento.
De cristal en el aire tu figura
desata transparente su escultura,
contorno y forma ya el movimiento.
Así, precipitada flor sonora,
húmeda del salitre de la aurora
en tu jardín solar de mar y viento.
1947
Ángel Augier (Cuba, 1919-2010)