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A la excepcional mulata criolla en sus 100 años |
| Publicado: 2012.11.01 - 16:34:51 / web@renciclopedia.icrt.cu / Daynelis Rodríguez Peña |
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Quiero hablar sobre Candita Quintana, una de las leyendas indiscutibles del teatro cubano, porque la visión de un niño sobre esta mujer, a pesar de la inocencia que lo abraza, es más sincera que cualquier otro criterio que me puedan conceder.
Ese pequeño hoy ya no lo es tanto, pero juró remontarse a los imborrables años en los que, junto a su papá, la tuvo muy de cerca como para brindarnos detalles auténticos de su vida y profesión.
Se llama Ramón Espigul, ese pequeño-gran confidente, que a diario tenemos el placer de escuchar a través de sus programas en Radio Rebelde, una de las emisoras más prestigiosas del país.
Ramón, para homenajear a Candita en su centenario estamos aquí. ¿Cómo te acercas a esta gran mujer y actriz cubana?
Yo la conocí de niño porque compartió la escena con mi padre, Ramón Espigul, negrito del Teatro Costumbrista Cubano. La última etapa de trabajo juntos fue de 1965 a 1970, en el Teatro Martí, donde mi papá era el negrito y ella la mulata del grupo de Jorge Anckermann.
Si ahora mismo tuvieras que retratarla desde la distancia, ¿cómo lo harías apoyándote en la magia de la Radio?
Las generaciones actuales no la conocieron y si han visto algunas cosas por Televisión han sido muy pequeñas. Era genérica. No solo era del Teatro Costumbrista sino que sabía desenvolverse en otros papeles.
Una gente muy simpática, con mucha chispa, vis cómica, que cantaba y bailaba, característica de los artistas de ese tipo de teatro, aunque necesariamente no tenían que ser grandes bailarines y cantantes. Además, muy seria y responsable en su trabajo.
¿Se puede decir que era tan buena actriz como ser humano?
Sí, y con mayúscula. Yo jamás la escuché hablar mal de nadie. Tuve la suerte de ir mucho al Teatro Martí, de verla cuando era niño, de sentarme en su camerino mientras se maquillaba y todo ese contacto tan directo me fue creando una opinión de su persona.
Igual, no podía ver un animal desvalido porque lo recogía. Recuerdo que tenía muchos gatos en su casa. A los viejitos los quería con la vida. Hizo mucho por los artistas jubilados, ancianos, algunos de los cuales estaban en el asilo de la sociedad de artista, que mi abuelo atendió también.
Y un ejemplo claro fue lo que hizo con la familia de Alicia Rico, después que falleció esta importante actriz.
A la pregunta si era tímida, responde:
Ella era una cosa en escena y otra fuera de su desenvolvimiento teatral. Quien la veía decía que era una mulata guarachera, pero ella no era así, eran sus personajes. Para mí fue una cubana en toda la extensión de la palabra.
Candita Quintana nació el 2 de noviembre de 1912, y por su entrega total al arte de las tablas se ganó el privilegio de pasar a la historia cubana como la Mulata del Teatro Nacional.
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