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10 de Octubre de 1868: Céspedes sembró para todos los tiempos |
| Publicado: 2019.10.10 - 09:21:13 / web@renciclopedia.icrt.cu / Ana Rosa Perdomo Sangermés |
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Un día glorioso, hace hoy 151 años, la Campana del ingenio La Demajagua repicó con un himno heroico y un puñado de hombres -esclavos liberados para siempre y patriotas intransigentes- pusieron en marcha la Revolución Cubana.
Cuando se mira hacia lo hondo de aquellos acontecimientos del 10 de Octubre de 1868, se aprecia el gesto impetuoso y audaz de Carlos Manuel de Céspedes, condicionado por profundas razones históricas y el arranque hacia la forja de la nación cubana.
Sin aquel poderoso cimiento, sin aquella fragua de lucha sangrienta, de manigua, de hambre y sacrificios increíbles, sin aquel firmamento de héroes en que se inscribieron los nombres del propio Céspedes, Ignacio Agramonte, Máximo Gómez, Antonio Maceo y muchos otros, no habría podido concebirse más tarde la extraordinaria obra patriótica, revolucionaria y antimperialista de José Martí y su Partido Revolucionario Cubano.
Sin aquellos primeros esfuerzos no se habrían consolidado en el pueblo cubano las tradiciones y aspiraciones revolucionarias que lo hicieron capaz de resistir el empuje brutal del neocolonialismo yanqui y, años más tarde, las agresiones imperialistas.
Céspedes sembró para todos los tiempos y con él nació el verdadero camino del pueblo cubano, por eso está presente en la obra de hoy y en la cosecha futura.
Martí no solo cantó a la epopeya, a sus actos gloriosos y a sus héroes “que cayeron dando luz, como caen siempre los héroes” en el lenguaje de lo inmortal, sino que analizó y estudió, con la profundidad de su pensamiento político y la perspectiva del futuro, la gesta del 68 como fuente de las experiencias y lecciones imprescindibles para preparar la “pelea definitiva”.
Por varios años consecutivos, desde 1887 hasta 1891, el Héroe Nacional pronunció un discurso en cada nuevo aniversario de la lucha patria. Hablaba ese día con un objetivo muy definitivo. Como dijera en una de sus intervenciones: “todavía tiene oficio la palabra, si ha de servir de heraldo al cumplimiento de la profecía del 10 de Octubre”. Por tanto para él era este un día de recuento y esperanza, de recuerdo y compromiso, de renuevo del “juramento de los héroes”, día de “velar por la patria” y “preparar la libertad”.
Mucho más habló y escribió sobre la Guerra Grande en el transcurso de ésta y, luego de finalizada, antes y después del año 1891, cuando ya había consagrado todas sus energías a la organización del Partido Revolucionario Cubano.
En más de una oportunidad resaltó la significación que entrañaba el hecho de que, al mismo tiempo que la Revolución proclamara la redención de la patria, hubiera destruido las cadenas de la esclavitud, que “aquella revolución de amor y fuego… de su primer abrazo con el hombre echó por tierra, rotas para siempre, las barreras inicuas y las prisiones de los esclavos”.
Su pluma dejó para la posteridad una imagen exacta de los padres de la Patria. En la semblanza de Céspedes y Agramonte, una de las más extraordinarias páginas de su obra, recogió en breves trazos la personalidad de ambos: “De Céspedes el ímpetu, y de Agramonte la virtud”.
La Revolución del 68 fue para Martí la experiencia para organizar y preparar la próxima e inevitable contienda y como tal era en su época, hoy el pueblo cubano, dentro de su misma Revolución triunfante, se organiza y se prepara para las contiendas presentes, marcadas por la actual coyuntura nacional e internacional, y para las que vendrán.
Si la nueva etapa de la Revolución iniciada aquel glorioso 10 de Octubre tenía que partir de la obra de los padres de la Patria, de los que habían señalado el camino, entregado su sangre y legado su ejemplo, Martí no podría reproducir aquella sino a costa de un nuevo fracaso, había que continuarla superándola y dotándola de un contenido más amplio y radical, ajustándola a los nuevos problemas que debía atender.
Por eso este día, a la distancia de más de siglo y medio, el pueblo cubano estará al tanto de todo lo que suceda en la Sesión Extraordinaria de la Asamblea Nacional del Poder Popular, de conformidad con el contenido de la Disposición Transitoria Segunda de la nueva Constitución de la República, donde serán elegidos el Presidente, Vicepresidente y Secretario de esta Asamblea, los demás miembros del Consejo de Estado, así como el Presidente y Vicepresidente de la República, es decir, el poder del pueblo. Un pueblo que en ese deber y en el de todos los días tendrá presentes a los hombres de La Demajagua.
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