Nos llegaremos hasta la antigua Grecia donde Homero narra en La Ilíada, al referirse a los funerales de Patroclo, un combate a puñetazos entre dos atletas, Egeos y Aurialo, junto a los muros de Troya, pues Egeos fue el constructor del famoso caballo de Troya.
“Se oían crujir las mandíbulas -narra el poeta griego- bajo los golpes”. El legendario Egeos, lanzándose sobre Aurialo, le aplicó en el rostro un violento puñetazo que lo hizo tambalear, como en aquella época no existía el conteo de protección, Egeos le siguió golpeando hasta que llegaron los amigos de Aurialo y se lo llevaron arrojando sangre, “la cabeza inclinada sobre la espalda y sin conocimiento”, así termina el emocionante y trágico relato de Homero.
Pero acerquémonos más en el tiempo, y recordemos que en sus inicios al boxeo se le nombraba pugilato y fue aceptado oficialmente en las Olimpiadas celebradas nada menos que en el año 88 antes de nuestra era. Los contendientes se cubrían las manos con guanteletes guarnecidos con plomo y hierro, en los cuales -algunas veces-sobresalían piezas punzantes o redondeadas para herir o macerar al contrincante. Se permitía cubrirse la cabeza con un casquete hasta las sienes y las orejas. Los combatientes, cubriéndose los puños con sus guantes, salían a los estadios dispuestos a matar o morir.
Uno de los más famosos pugilistas de aquellos tiempos fue Teogenes de Tasos. Su historia es impresionante. Se dice que conquistó el laurel de la victoria en mil quinientas ocasiones, no sabemos si con la misma cantidad de contrincantes muertos. Lo que si es historia es que con la caída del Imperio Romano fue perdiéndose la afición por la práctica del pugilismo. En la Edad Media hubo intentos de rehabilitarlo. Se rechazó, entre otras cosas, porque era considerado una forma poca caballeresca de combatir, cosa con la que particularmente estamos de acuerdo.
Al llegar al siglo XVIII resurgió de nuevo el pugilismo en Inglaterra y se le atribuye a James Figg la creación del boxeo moderno. Figg, famoso campeón, no se conformó con vencer a sus contrincantes, sino que divulgó sus técnicas, fundó la primera academia de pugilismo en Londres, en 1719. En su sistema de enseñanza incluía todos los movimientos y ejercicios de un esgrimita: embestidas, paradas, juegos de pies y otros. Eliminó las patadas y los ahorcamientos, dando con esto una nueva tónica al boxeo, al lograr que el pugilista ampliara solo su habilidad y la fuerza de sus puños.
Los combates en la antigüedad no tenían límite de duración. Se daba por terminado cuando uno de los contendientes caía sin conocimiento al suelo, o se negaba continuar el pleito, lo cual supongo sería una deshonra.
Las normas o reglas establecidas por James Figg y sus seguidores alcanzaron cierta perfección, lo que le remitió al Marqués de Queensberry redactar el primer reglamento de esta disciplina. Queensberry fue uno de los promotores del boxeo más destacado en toda la historia.
En 1869 se celebró en los Estados Unidos el primer encuentro internacional de boxeo, entre el británico Tom Allen y el norteamericano Mike McCole. Al año siguiente, Jim Mace conquistó el título. Mace fue el ultimo que peleó a puño limpio, y el boxeador que más luchó para popularizar el empleo de los guantes.
El primer combate por el campeonato mundial de peso completo bajo las reglas del Marqués Queensberry, con guantes y asaltos de tres minutos, fue el de James Corbet contra John Sullivan, celebrado el 7 de septiembre de 1892, en Nueva Orleáns, Corbet ganó en el decimoprimero asalto.
Y una curiosidad. ¿Por qué se le llama ring (o sea, anillo, círculo en inglés), si es un cuadrilátero? Es que antiguamente, los púgiles debían colocarse frente a frente, al comienzo de cada asalto, dentro de un círculo de poco menos de 1, 5 m de diámetro. De ahí la palabra ring. Hoy el llamado ring es un cuadrado perfecto con sus cuatro lados y sus cuatro ángulos iguales, y no puede tener más de 7 m de lado, dentro de las cuerdas, ni menos de 4,5 m.
Y si de glorias del boxeo cubano tuviéramos que hablar habría que mencionar, entre muchos, a Kid Chocolate, Teófilo Stevenson, Félix Savón, Roberto Balado, Kid Gavilán, Jorgito Hernández, Adolfo Horta, y nos quedamos cortos, así como a todos los integrantes de los invictos Domadores, finalmente, una mención de oro para el maestro Alcides Segarra, que mucho tiene que ver con los triunfos de Cuba pasados y presentes.