Aquellas de gráciles alas que son amantes de las flores y parejas del viento en su danza, tienen secretos guardados dentro de su pequeño cuerpo que esconden tanto en la noche como en el día.
Las mariposas son incapaces de regular la temperatura del cuerpo debido a su sangre fría, solo pueden sobrevivir en áreas cálidas que se encuentren entre 28 a 38 º C. Por esta razón existen más de 24 000 especies en todos los continentes, menos en la Antártida y la mayoría habita en los bosques húmedos.
Una vez que emergen de la crisálida, no vuelan inmediatamente, sino que ponen en movimiento sus fluidos corporales para que las alas se extiendan. Luego, esperan unas horas para fortalecerse y entonces inician su travesía por el cielo.
La existencia de estos bellos insectos dura entre dos y cuatro semanas, aunque la mariposa monarca es conocida por sus nueve meses de vida. Desde que salen de su capullo existen dos prioridades fundamentales: comer y reproducirse.
Al contrario de lo que nuestros ojos muestran, las alas son transparentes, formadas por quitina, la proteína base del exoesqueleto de los insectos. Compuestas por capas tan finas como un cristal son recubiertas de escamas que reflejan las diferentes longitudes de onda de la luz al igual que un prisma. La estructura es tan frágil que un toque suave las puede dañar para siempre.
El proceso de apareamiento puede durar desde 20 minutos a varias horas y la cantidad de huevos varía en dependencia de la especie, pueden ser hasta 500, de los cuales solo unos pocos llegarán a la edad adulta.
Hace unos 40 millones de años, las mariposas diurnas evolucionaron a partir de las nocturnas y son capaces de alcanzar una velocidad promedio de 12 km/h. (Por Daniela Hernández Gari, estudiante de Periodismo).