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Los primeros innings de la historia del béisbol en Cuba |
| Publicado: 2019.03.29 - 09:31:01 / web@renciclopedia.icrt.cu / Juan Blas Rodríguez |
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Cuando se hojean las viejas páginas que recogen la historia del béisbol en Cuba, obligatoriamente hay que remontarse casi dos siglos atrás. Era la época en que el país estaba envuelto en una cruenta guerra contra el coloniaje español. Una década antes, con el sonido de los clarines independentistas en la Demajagua, los mejores hijos de la Patria marcharon a la manigua para pelear machete en mano por la libertad.
Pocas semanas después de firmarse el Pacto del Zanjón, regresó a Cuba un grupo de jóvenes cubanos pertenecientes a familias opulentas que habían cursado estudios en los Estados Unidos. Ellos trajeron consigo una serie de implementos deportivos hasta entonces casi desconocidos en la capital. De inmediato, con guantes, bates y pelotas comenzó a practicar un novedoso juego en algunos solares yermos de la barriada del Vedado.
Sin embargo, el béisbol había comenzado a jugarse en Cuba mucho antes en la provincia de Matanzas. Alrededor de 1866, un grupo de marinos de un buque norteamericano anclado en la bahía matancera enseñaron a portuarios cubanos el singular pasatiempo, y unos años después en 1874, en los terrenos del Palmar de Junco, en la propia tierra matancera se efectuó el primer partido entre los equipos Habana B.B.C. y Matanzas, el cual finalizó con victoria de 51 corridas por 9 a favor de los capitalinos.
Las referencias más concretas sitúan los inicios del béisbol con carácter oficial a fines de 1878, con la fundación del Club Habana. Al ser aprobado su reglamento por el Gobernador General de la nación, así como la constitución del Almendares, surgió la idea de organizar un torneo en diciembre. Ya se conocía que en los Estados Unidos, desde hacía poco tiempo, organizaban un campeonato, y los equipos estaban agrupados en una liga.
Consta en las reseñas de ese tiempo que un grupo de entusiastas deportistas encabezados por los señores Alfredo Maruri, Nemensio Guilló, Celestino Cuervo y Emilio Sabiurín reunieron algunos muchachos que practicaban el deporte de las bolas y los strikes en El Vedado capitalino y los invitaron a integrar un club, al que nombraron Habana B.B.C. En este mismo barrio estuvo siempre instalada la casa del Habana. Sus jugadores, por lo general, procedían de las capas más humildes de la población.
Con el Almendares sucedió lo contrario. Varios muchachotes de la barriada de Tulipán en el Cerro, de extracción adinerada, decidieron también formar su equipo. En aquel primitivo conjunto figuraron los hermanos Zaldo, Antonio Arzola, Leonardo Ovies, Alfredo Lacazette, Alejandro Reed, Adolfo Nuno y Zacarias Barrios, entre otros.
El auge que alcanzó el béisbol por ese tiempo fue notable. En 1914 se organizó, a instancias de los equipos del Instituto de La Habana, Sociedad de Marianao, Atlético de Cuba y Vedado Tennis, la Liga Nacional de Béisbol Amateur de Cuba. En ese año se efectuó el primer campeonato con la participación de los cuatro conjuntos mencionados. Alternativamente, por espacio de veinte años, se desarrollaron los certámenes amateur y profesional. Este último, en medio de la crisis económica por la que atravesó el país en la década del 30, comenzó a perder interés en la misma medida en que la fanatizada tenía preferencias por los nuevos valores que intervenían en los torneos de aficionados.
Terminada la llamada I Serie Mundial de Béisbol en 1938, entre los seleccionados de Inglaterra y los Estados Unidos, los organizadores de aquel clásico vieron un rico filón en las concurrencias que a menudo colmaban de un extremo a otro las graderías del estadio “La Tropical” durante un buen partido de aficionados.
Ese período constituyó una época importante de nuestro béisbol. Muchas de las estrellas que conmovieron en más de una ocasión a todo un pueblo con sus victorias para Cuba en el plano internacional, fueron a nutrir las filas del profesionalismo, que con ellos recibió lo que pudiéramos llamar una inyección milagrosa.
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