Aunque las cosas cambien de color,
No importa pase el tiempo,
No importa la palabra
Que se diga para amar,
Pues siempre que se cante con el corazón
Habrá un sentido atento para la emoción de ver
Que la guitarra es la guitarra
Sin envejecer.
(Silvio Rodriguez)
“Desde el siglo XVIII, -nos cuenta Radamés Giro-, en Cuba hubo una invasión de tonadillas escénicas procedentes de la península, y a la vez, la ópera francesa penetró en Santiago de Cuba a través de Haití y algunos artistas italianos, que de paso para México o a los Estados Unidos, hacían escala aquí”.
Todo esto, como es lógico, comenzó a influir en los músicos cubanos, los que creaban canciones acompañándose con sus propias guitarras y se las cantaban a sus amadas junto a la ventana o balcones de las casas. De esta forma nació la serenata en Santiago de Cuba y posteriormente invadió todo el país.
Así fueron los primeros pasos de la trova cubana, la que ha llegado a nosotros llena de vida.
“La trova cubana, escribió Bladimir Zamora, es uno de los primeros y más notables brotes de vida de la identidad cultural del país. En aquel siglo XIX lleno de ansias, y necesidad de tener un santo y seña afincado en la tierra feraz de la nación, el cubano se abrazó a la guitarra. Puso unas cuantas palabras secretas en su ombligo y empezó sin cesar a tañer sus cuerdas y a cantar lo que ya éramos y más aún, lo que soñábamos ser”.
Se considera La Bayamesa con textos de José Fornaris y música de Carlos Manuel de Céspedes y Francisco Castillo Moreno como el amanecer de la canción trovadoresca cubana, con las lógicas influencias musicales de la época. Pero realmente, fue en las primeras décadas del siglo XIX que la trova alcanzó su pleno desarrollo en las composiciones y voces de Sindo Garay, Rosendo Ruiz, Alberto Villalón, Manuel Corona y Patricio Ballagas, en la que florecían textos románticos dedicados a la mujer cubana, al verdor de los campos, a nuestro cielo azul, etc.
En la década del 60 del siglo XX surge la llamada Nueva Trova, heredera directa de la trova tradicional, se dice con razón que “solo hay una trova”, destacándose las composiciones y las voces de Silvio Rodriguez en piezas como Te Doy Una Canción, La Era está pariendo un Corazón, Pequeña Serenata Diurna, Playa Girón, Ojalá, El Mayor, Te Ameré, Fusil Contra Fusil, Unicornio, Por Quien Merece Amor, La Maza, Rabo de Nube, Ala de Colibrí, El Necio, Cita Con Ángeles; de Pablo Milanés en títulos como Yolanda, Amor, Para Vivir, Los Caminos, Años, Yo pisaré las calles nuevamente, Yo no te pido, La vida no vale nada, Hombre que vas Creciendo, El breve espacio en no estás, No Vivo en una Sociedad Perfecta, Ámame como soy, Yo me quedo.
También de Noel Nicola y sus temas Detrás de una Guitarra, Por La Vida Juntos, Pintarme, Fíntame el Amor, Es Más Te Perdono, Trovador Sin Suerte, Para una Imaginaria María del Carmen, Pasión y Prejuicio, Te Descubrí Mujer, Nana Para Despertar a una Muchacha, Tema del Miedo.
Los días de gloria
Se fueron volando
Y yo no me di cuenta.
Solo la memoria
Me iba sosteniendo
Lo que un día fue.
Vivo con fantasmas
Que alimentan sueños
Y falsas promesas
Que no me devuelven
Los días de gloria
Que tuve una vez
(Pablo Milanés)