La Samba, junto al carnaval, es a la vista del mundo, el mejor símbolo de Brasil. Por las calles cariocas corre esa música que inunda las selvas de la ciudad.
La Samba, que en varios países del continente americano la llaman El Samba, arrastra una historia de amores, de interminable serenatas, de romanzas, de salones, bailes populares, vida de montañas, luchas de favelas, calles de Río de Janeiro, historia y desfiles carnavalescos.
Hunde sus raíces en los elementos nacionales y en muchos de los ritmos llevados a la tierra de Brasil por numerosos grupos africanos, europeos y de otros pueblos que alimentaron los orígenes como el baile frenético del batuque, las marchas y marchinchas y los estribillos folclóricos bahianos. He aquí la abundante fuente de la Samba.
No se puede olvidar las influencias internacionales del fox, de la poderosa rumba cubana y, finalmente del jazz. Por consiguiente, debemos considerar que se trata de una música urbana y universal síntesis y unión de culturas.
Se han conocido varios tipos de sambas, el de la montaña donde todo el interés se concentra en la poliritmia, de los batidos sorprendentes e imprevistos, de melodía pobre, pero de ritmo fuerte, para acompañar el carnaval, la Samba bahiana, muy unida a los dominios coreográficos y los textos cantados.
También la Samba de salón, que es algo más elaborada, como el tango, la rumba o el fox, con temas muy variados, como los de toda música urbana, del amor desgraciado, la vida de las favelas, la melancolía del malandro, y también los hechos sociales.
La Samba es a Brasil, lo que el Tango a los argentinos, el Merengue a los dominicanos, el Ballenato a los colombianos, el Fado a los portugueses que el Flamenco a los españoles, el Calipso a los jamaicanos, el Corrido o la Ranchera a los mexicanos, el Son a los cubanos….
Resulta difícil una novela brasileña, las que tanto nos gustan a los cubanos, donde no esté presente la Samba y que la identifique durante la larga temporada que disfrutamos su contagioso ritmo.