Laura Martínez de Carvajal, nacida el 27 de agosto de 1869, fue la primera mujer que se graduó de médico en Cuba el 15 de julio de 1889.
Un caso excepcional y, sin duda, único, pues una muchacha dotada de belleza y de acomodada posición económica, hija de españoles establecidos en un medio social desahogado y con acceso a los círculos más exclusivos, se interesó por una profesión en la que solo la esperaban duros sacrificios y permanente discriminación, producto de los prejuicios de la época.
No olvidemos que las jóvenes de su época y ambiente se dedicaban exclusivamente al hogar, a las labores de la casa y la música, fundamentalmente el piano, preparándose para lo que se calificaba de “buena esposa”.
Laura recoge estas enseñanzas, borda primorosamente, toca el piano, cursa los estudios primarios y secundarios y, a la hora de orientar las actividades de su vida, decide estudiar simultáneamente, en la Universidad de La Habana, Ciencias Físico-Matemáticas y Medicina consagrando a esta ultima su vida. Imagínense cuántas incomprensiones, críticas, burlas, tendría que enfrentar.
El desarrollo de su vida ha sido calificado de “niña precoz”. A los cuatro años leía de corrido, a los once cumple todos sus tareas y obligaciones escolares, se dedica a la jardinería y horticultura, lee cuanto libro cae en sus manos, cuida de sus hermanos menores y a los veinte años recibe su título de licenciada en medicina, primero que se expide en la Universidad, a nombre de una mujer.
Durante su adolescencia y juventud rodeó a Laura un grupo de mujeres y hombres de mentes lúcidas que fueron fundamentales en el desarrollo de sus innatas facultades, entre estos jóvenes talentos estaba también la influencia bienhechora de Felipe Poey, decano de la Facultad de Ciencia y quien brindó a la nueva generación estímulo y facilidades.
Ya graduada contrae matrimonio con el doctor Enrique López Veitía, natural de Santa Clara. Funda la Policlínica de Especialidades y en ella trabajan los esposos, distinguiéndose como oftalmólogos.
El 1910 fallece su esposo, y la extraordinaria mujer se encuentra sola haciéndole frente a su profesión, al cuidado y educación de sus hijos. En los años posteriores de vida, Laura los vivió en la finquita El Retiro que adquirió cercana al poblado San Francisco de Paula, donde estableció una escuela gratuita para alfabetizar a los niños campesinos de la zona y cuidar su jardín y frutales.
Prácticamente olvidada, el 24 de enero de 1941, rodeada de flores y frutas, y de niños campesinos a los que enseñaba a leer, murió Laura Martínez de Carvajal, esta mujer ejemplo de coraje, voluntad e historia.
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