La presencia de los árabes en Cuba data, según confirmación histórica, de 1593 cuando fue bautizado en la Parroquia Mayor de La Habana un morisco procedente de Berbería, en el Norte de África, quien tomó el nombre de Juan de la Cruz.
La gran representación árabe en tierra cubana se produce a partir de la mitad del siglo XIX ya hasta primera del siglo XX, con la entrada de libaneses, palestinos, sirios y en menor escala, los egipcios, libios y argelinos.
Uno de sus mayores legados lo encontramos en la arquitectura, con fuerte predominio del estilo mudéjar, el que combina elementos occidentales y árabes, llegado de la escuela de construcción morisca de Sevilla, Andalucía.
No debemos olvidar que algunos árabes establecidos en el mayor archipiélago antillano, decidieron luchar en las filas del Ejército Libertador por la independencia de Cuba contra el colonialismo español.
En la actualidad su huella es evidente en la cultura y la vida social pues contamos con la Unión Árabe de Cuba que fomenta los vínculos históricos y filiales de los miembros de la comunidad con las naciones de origen.
Se encuentra además la Casa de los Árabes de la Oficina del Historiador de La Habana creada en 1983 en el centro histórico, donde se promueve el patrimonio cultural árabe a través de un museo etnográfico que exhibe y evoca la inmigración árabe en nuestro país.
Pero su impronta mayor está en los miles de vocablos integrados a la lengua española que usamos y muchas veces maltratamos. Aquí van unos ejemplos:
-En la agricultura: aljibe, albercas, norias, acequias….
-En la jardinería: azucena, adelfas, alhelí, azahar….
-En la alfarería: taza, jarra, marfil, alfil…
-En la construcción: albañil, alcantarillado, tabique, azotea, alféizar, azulejos…
-En el tráfico mercantil: aduana, tarifa, almacén, arrobas, quintal…
-En el hogar: ajuar, almohada, alfombra, jabón, jarabe, alhaja…
-¡Ojalá! Que viene de la expresión religiosa: ¡Oh, Alá! Y también el saludo ¡Salamu Aleikum! (¡Que la paz sea con usted!).