Una fuerte tormenta, con truenos incluidos, hizo retumbar la noche en que el poeta y patriota cubano José Joaquín Palma escribió el poema Guatemala feliz, que con el tiempo se convirtió en el himno nacional de ese país centroamericano.
A Ana de Méndez, nieta de Palma, se lo contó su madre, América Ana, una de las hijas del poeta bayamés, exiliado en Guatemala desde 1872 hasta su muerte el 2 de agosto de 1911.
Según América Ana, su padre le decía que él quería escribir ese poema cuando estuviera tronando, durante una tormenta con muchas luces en el cielo. Justamente una noche, en tiempo de invierno en Guatemala, comenzó a tronar y había una tormenta muy fuerte, Palma se levantó inspirado y surgió “Guatemala feliz”.
En 1896 se convocó a un concurso para la creación del himno nacional de Guatemala. Palma decidió enviar su poema como anónimo, pues la convocatoria era solo para guatemaltecos. Pero curioso y sorprendentemente, el gobierno le invitó a formar parte del jurado, por lo que fue imposible negarse a integrar el tribunal calificador del certamen.
Cuando fue el momento de votar, se excusó y abstuvo; un amigo observó esto y le cuestionó a Palma el porqué había hecho tal cosa; entonces el joven poeta cubano dijo de modo muy confidencial que la letra anónima del himno seleccionado era suya y le hizo jurar que nunca diría la verdad.
Tal suceso, -expuso Ana América-, quedó en secreto hasta que ya en el lecho de muerte de José Joaquín, el amigo contó que Palma era el autor el himno de Guatemala.
Al conocerse este hecho, le prepararon un homenaje el 23 de julio de 1911; así hubo un desfile de escuelas, también junto a una delegación del Gobierno le llevaron una corona de laurel hasta su casa. Murió 10 días después.
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