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Genios con mal genio |
| Publicado: 2014.03.19 - 22:02:08 / web@renciclopedia.icrt.cu / Juan Blas Rodríguez |
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Históricamente es coincidente que los grandes hombres suelen ser ejemplo de carácter violento, hasta el punto de que el genio y el mal genio pueden considerarse como hermanos inseparables. Busquemos algunos ejemplos.
Tenemos al Miguel Ángel, tan famoso por su brusquedad como por su gran talento. Se cuenta que impaciente el papa Julio II le preguntó en una ocasión a Miguel Ángel: “¿Cuándo vas a terminar de pintar mi Capilla Sixtina?” Y el artista le replicó: “Cuando pueda”. El papa, ante aquella salida de tono, le tocó con su bastón, y entonces el pintor se fue a su casa y preparó su equipaje para abandonar Roma. Cosa que hubiera hecho si no es porque un emisario del Papa lo fue a ver, con 500 amigables ducados y dulces palabras, para que retornase a su trabajo.
Otro gran genio con mal genio fue Goya. Cierto día el sabio Mengs le hizo notar un pequeño defectillo en uno de sus cuadros, y Goya estuvo a punto de golpearlo. En otra ocasión agredió al Lord Wellington, cuando este le hizo ver que no encontraba bastante parecido consigo mismo en un retrato.
En cuanto a los músicos, abundan los casos de mal genio, Handel, por ejemplo, fue encargado en 1719 de formar una compañía de ópera para cantar ante el rey de Inglaterra. Una prima donna regordeta y de escaso mérito se negó a cantar un aria expresamente compuesta para ella por el mismo Hendel y este, lleno de indignación, la cogió y quiso tirarla por el balcón. Juan Sebastián Bach, el compositor alemán, no permitía una equivocación de un músico en alguna ejecución, y al organista de la iglesia de Santo Tomás, que tuvo una pequeña, le arrancó la peluca, la tiró al suelo e imprecó al pobre ejecutante: “Más valía que se dedicase a remendar zapatos”
Pero el repeor genio parece haber sido Ludwig van Beethoven. Alguien ha dicho que estaba loco, pero si no lo era lo parecía cuando daba lecciones a señoritas, si no hacían lo dicho por él, rompía escribanías o hacia trizas partituras completas. Cierto día estaba tocando en una reunión y alguien interrumpió conversando, Beethoven se levantó y gritó: “No quiero seguir tocando para cerdos” y salió de la sala.
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