Empecemos por el nombre. En Italia le llaman “calcio”; en Norteamérica, “soccer”, en España e Hispanoamérica es el “futbol” o “balompié”. Sea cual fuere su nombre, es el deporte número uno del mundo, el que atrae mayores multitudes a los estadios, el que cuenta con más alta cifra de practicantes, y también el que paga más dinero en su versión profesional a sus deportistas. Es un verdadero fenómeno, social, económico y hasta político.
La arqueología afirma que se practicó en forma primitiva en Babilonia, Egipto y China, hace más de treinta siglos. Famosas obras literarias de esas antiguas culturas describen estos juegos, con lo que se confirma tal aseveración.
También era parte de la educación atlética griega. Cierto número de atletas formaban dos bandos, y se disputaban la posesión de una vejiga de buey, llena de aire o de arena, para llevarla a un lugar designado de antemano, con el equipo oponente, el cual debía evitarlo.
Diversos historiadores sostienen que los romanos heredaron este deporte de los griegos. Aunque esto no se ha podido determinar, es evidente que los romanos, al someter a los griegos bajo su dominio (año 150 a.n.e.) , se aficionaron vivamente a los ejercicios atléticos y a su regreso a Roma se dedicaron con pasión a su práctica.
En la Roma de los cesares se jugaba con grandes balones de cuero blando, curtido con alumbre, a los que llamaban “follas”. El balón se lanzaba con el brazo desnudo, o bien ceñido con una especie de brazal, mientras se corría por el campo hasta llevarlo a la meta fijada. En la época medieval se jugaba el fútbol florentino, o “gioco del calcio”, así como el fútbol francés, “choule”.
En el año 828 este deporte se jugaba en su forma más simple. Lo que ahora es un juego organizado, técnico y de habilidad, no debió ser entornes más que una lucha amistosa. El número de jugadores era ilimitado y se permitía que los contendientes tomaran la posición más conveniente. El lugar escogido como campo de juego podía ser la calle o la carretera, y los jugadores eran reclutados en cualquier parte, en todo momento.
La pista de juego, algunas veces de un kilómetro o más de longitud, contenía vallas, zanjas, charcos de agua, y los más variados obstáculos. Pero todo ello no representaba impedimento alguno para los antiguos y bravos futbolistas. A causa de la rudimentaria reglamentación, y la sostenida rivalidad entre equipos y poblados, estos juegos degeneraban en ocasiones en verdaderas batallas campales. Actualmente estas batallas se producen, muchas veces, pero entre los fanáticos. La violencia del juego originó que se dictaran reglas para aminorar su rudeza. Incluso, algunos monarcas promulgaron edictos.
El 21 de mayo de 1904 se fundó la Federación Internacional de Fútbol Asociado, FIFA, único organismo deportivo internacional calificado para establecer y aplicar los reglamentos destinados a estimular y regir las actividades futbolísticas.
|