(….)…besos recogerá quien siembra besos..(….)
José Martí
El beso, un tema que siempre ha ocupado el interés de científicos, sexólogos, censores, cineastas, humoristas, historiadores y, por supuesto, las parejas de enamorados. Acompáñenme.
En la edad media existía la creencia que besar a una mujer hermosa aliviaba el dolor de cabeza, aunque en nuestros tiempos existen muchos que se han buscado tremendo dolor de cabeza por pretender darle un beso a una mujer que solamente era agraciada.
En la antigua Grecia, al hombre que sorprendieran besando a una mujer en público, fuera o no su cónyuge, se consideraba delito y era condenado a prisión.
El mundo cinematográfico el tema sexual ha sido el que más sufrió el cáncer de la censura, curiosamente los asesinatos más espeluznantes, el asalto y muertes a mano armadas, el tráfico de drogas, la vidas y acciones de famosos criminales, han sido recreadas en cientos de filmes, gozando los mismos de completa libertad de expresión y tolerancia total, pero el ingenuo beso de una pareja de enamorados era considerada una intolerable escena pornográfica.
En el cine se logro ver por primera vez un beso en un filme titulado “Luna de Miel en las cataratas del Niágara”, recibiendo una catarata de críticas de los mojigatería hipócrita que seguramente la preferían ver en privado, aunque muchos antes en un teatro de Broadway en una obra titulada “La Viuda Jones”, en una escena romántica una pareja se besaron y esta obra fue llevada al cine con beso y todo en 1896, claro que era la época del cine silente y el sonido del beso no se escuchaba bien, ni se había inventado el beso a la francesa y otros cosas.
Así se inicio en el cine de Hollywood, la temática osculatoria sobre la que descansaría la industria cinematográfica durante muchos años y donde el final de toda película era una pareja besándose amorosamente y The End.
Pero hablándoles del beso en pleno siglo XXI se revivió la historia de la bella durmiente, cuando Emma Ray, una joven madre de familia inglesa, dio a luz, por cesárea, a su segundo hijo. Días después sufrió un ataque cardíaco y quedó en estado de coma. Los médicos advirtieron a su esposo Andrew que Emma tenía las misma posibilidades de recuperar la conciencia en algún momento, que quedar en ese estado de por vida.
Andrew no se dio por vencido. La acompañaba todo el tiempo posible y empezó a llevarle grabaciones con el llanto del recién nacido y la voz de su hija mayor gritando: “despierta mami”.
Andrew cuenta: “le ponía las canciones que bailamos en nuestro matrimonio, le hablaba con mucha suavidad, tomando su mano le pinchaba los dedos, todo el tiempo le decía que la amaba y le rogaba que despertara”.
Enma permanecía inmóvil y silente. Andrew, un experto en tecnología informática, se inclinó hacia su esposa y le hizo un amoroso pedido:”Emma, si me puedes escuchar por favor, solo dame un beso”. La mujer volvió ligeramente la cabeza y lo besó.
Desde ese día Emma comenzó a vivir de nuevo. Su recuperación total exige constancia, sacrificio y mucho amor. Y estos medicamentos los tiene en abundancia en el amor de sus dos hijos y en el corazón de su esposo Andrew.
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