El ser humano como todos los mamíferos, incluso los menos evolucionados, bosteza.
Las circunstancias que provocan “reflejos arcaicos” son diversas, pues a veces es por una bajada de la vigilancia, por hambre y otras por un fenómeno muy curioso; “el mimético y contagio del bostezo”, el que se produce al ver a alguien, o simplemente al evocar los bostezos, se puede conseguir que las personas bostecen en los siguientes minutos.
El factor desencadenante más frecuente está ligado a la fatiga, el desinterés o al periodo precedente al sueño. Pero existen también los bostezos del despertar, asociados con estiramientos. Un fenómeno que se observa fácilmente en gatos y perros.
En las situaciones de riesgo (al volante, por ejemplo), bostezar puede desencadenar una positiva reacción de alerta. Permite también establecer el equilibrio de la presión en el oído con la presión atmosférica, como se puede comprobar en un viaje en avión.
Mas los bostezos irreprimibles pueden constituir un problema que tal vez nos haga ir al médico. Este signo, a menudo ignorado, puede ser revelador de varias patologías. Pueden también ser muestra de la eficacia de un tratamiento, ya que desaparecen en ciertas enfermedades, como la del Parkinson.
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