
La nostalgia de los habaneros es el Malecón de La Habana. Mire, usted puede encontrarse a un habanero en Santiago de Cuba, en China o Nueva York y preguntarle por La Habana, invariablemente se referirá al Malecón, después puede agregar el Castillo del Morro, la Rampa, la Habana Vieja, la calle 23 pero siempre, siempre el Malecón. Como los santiagueros con los carnavales, los camagüeyanos con el Casino Campestre, los matanceros con su Teatro Sauto o su cercano Varadero y así.
Malecón de La Habana. Escenario de alegres y contagiosos carnavales, fuerte muro de hormigón donde las parejas de enamorados se derriten mutuamente, así como los que tienen un sentido greco-romano del amor. Y donde en silencio cómplice se asoma la esperanza perpetua de los pescadores de orilla, donde solo he visto pescar un resfriado con nombre de personaje malo de novela brasileña, donde turistas y gordos de todas las nacionalidades corren o trotan de un extremo a otro del terapéutico Malecón, y los que noche por noche, no importa la temperatura, tiran el anzuelo y no precisamente al agua, sino al piso de cemento, para tratar de “pescar” una “morena” o una “rabirubia”, son los que no discriminan ni razas ni nacionalidades, ni peso corporal, pero esos meses de julio y agosto, lograr un espacio donde sentarse entra en la categoría de lo milagroso, auque siempre se encuentra usted un alma piadosa que se corre un poquito.
Y para los enamorados de la historia les informo que esta amplia y hermosa avenida comenzó a construirse durante el Gobierno norteamericano de ocupación, recibiendo el nombre oficial de Avenida del Golfo, en su primitivo tramo desde La Fortaleza de la Punta, hasta el Torreón de San Lázaro, pero el pueblo siempre lo nombró Malecón.
En 1921 durante el gobierno de Alfredo Zayas, se prolonga el Malecón hasta donde se encuentra el monumento al Maine; en 1930, durante la dictadura de Gerardo Machado se construye hasta la calle G, o Avenida de los Presidentes, y en 1950, bajo el gobierno de Carlos Prio Socarrás, se hace llegar a su término natural; hasta las inmediaciones del Castillo de la Chorrera, junto a la desembocadura del río Almendares.
A través de los años y de las distintas construcciones, ampliaciones o remodelaciones se ha intentado cambiar el nombre de la maravillosa avenida, pero el pueblo habanero, caprichoso e insistente, repite siempre y por siempre la palabra clave: Malecón, ¡el Malecón habanero!
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