
Cuando la princesa Donají vino al mundo, un sacerdote advirtió que ella se sacrificaría por su pueblo zapoteca. El cielo mostraba los signos de fatalidad desde el día de su nacimeinto. El destino estaba trazado.
Donají significa “alma grande” y como tal se comportaría la joven. Ella era hija del rey Cosijoeza, líder de los zapotecos. En una sangrienta batalla entre los soldados de su padre y los mixtecos, la princesa conoció al príncipe Nucano, “fuego grande”, del bando contrario a su familia.
Al terminar la guerra, Donají fue tomada como como rehén de paz y trasladada a la fortaleza de Monte Albán.
“Donají, rebelde contra su cautiverio por saber que su casa y su raza se hallaban humilladas con ello, decidió que debería intentarse algo. Y considerando que su padre, el caudillo Cosijoeza había derrotado años atrás al propio Ahuizotl en Guiengola, podía derrotar esta vez a Dzahuindanda en Monte Albán. Doncella valerosa y de acción, esa noche mandó furtivamente, con un aliado, un mensaje a su padre que se hallaba en Zaachila, capital zapoteca, pidiéndole que sin pérdida de tiempo cayeran sobre la fortaleza”, escribió Néstor Sánchez Hernández, en la Revista Oaxaca en México.
Con esa acción, los combatientes zapotecas recuperaron Monte Albán, pero los mixtecas abandonaron la ciudadela y se trasladaron hasta la ribera derecho del Río Atoyac. Llevaban a Donají con ellos y allí mismo decretaron su muerte.
Según la leyenda, la princesa fue decapitada y enterrada con prontitud a fin de que su pueblo nunca supiera el paradero de su cuerpo. Incluso, algunas versiones aseguran que su cabeza fue enterrada en un lugar diferente, para que fuera menos probable que la encontraran.
“Cuentan que tiempo después, los zapotecas, que desesperaban por el destino de su bella princesa, un día descubrieron precisamente en la margen derecha del rio Atoyac, el florido brote de un extraño lirio rojo y al tratar de llevárselo y trasplantarlo en la casa de su caudillo Cocijoeza, se hallaron con que el hermoso lirio se prendía, con sus raíces, de la frente de Donají cuya cabeza en ese lugar se hallaba enterrada”, según Sánchez Hernández.
Actualmente, el escudo de la Ciudad de Oaxaca (México) lleva la imagen de la princesa como símbolo de la entereza de su carácter y su entrega por su pueblo.
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