
Uno de los guardacostas de 83 pies preparados como cazasubmarinos realizando pruebas de navegación, este en particular tiene las carrileras para las cargas de profundidad vacías y la pieza de 20 mm en la popa, los entregados a Cuba la tenían a proa.
Los submarinos alemanes habían hundido varios barcos mercantes cubanos, con una secuela de más de 70 marinos muertos.
Esta historia comienza cuando en 1941 son enviados a Estado Unidos 7 jóvenes para estudiar la especialidad en aparatos de sonar (sonidistas), para detectar y cazar submarinos; en esa época no existía el radar.
El 15 de mayo de 1943, nuestro caza submarinos iba custodiando un convoy que venía con mercancías hacia La Habana. Estaba cerca de Nuevitas. Un avión de combate cubano detectó un submarino y avisó al caza submarinos. El capitán de la CS.13, Mario Ramírez Delgado, izó la bandera de combate y situó su embarcación encima del lugar donde el avión indicaba que se encontraba el submarino enemigo.
El Capitán ordenó arrojar dos de las ocho bombas con que iba equipado el cazasubmarinos. Así empezó el combate. Se sintió una explosión que estremeció a nuestro barco. Al rato se divisó en el mar una espesa macha de petróleo.
Se asegura que durante la II Guerra Mundial en América Latina solamente se hundieron dos submarinos alemanes: uno en Brasil y el otro en Cuba. Al terminar la guerra la dotación del CS-13 fue condecorada. Como dato curioso les cuento que en la dotación de ese histórico barco se encontraba el joven Norberto Collado Abreu, el que al transcurrir los años fuera el timonel del histórico yate Granma.