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Cuando la belleza del arte produce infartos |
| Publicado: 2019.01.03 - 14:29:01 / miguel.dario@renciclopedia.icrt.cu / Miguel Darío García Porto |
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Afirmaba el pintor ruso Vasili Kandinski, quien es considerado precursor del arte abstracto, que “El estado de ánimo de la obra puede ahondarse y cambiar el estado de ánimo del espectador”.
Y en ese mismo sentido, subraya el científico Albert Einstein sobre la identificación profunda entre el espectador y la obra de arte: “La belleza reside en el corazón de quien la contempla”.
Recientemente en la Galería de los Uffizi, considerado el museo más visitado de Italia, un turista de 70 años sufrió un paro cardíaco mientras contemplaba El nacimiento de Venus, de Sandro Botticelli.
El infarto sufrido por ese visitante reabrió el debate mundial sobre el síndrome de Stendhal, una sui generis patología que resulta por una sobredosis de buen arte, ya que el espectador experimenta un éxtasis de emociones y estas le causan reacciones psicosomáticas como taquicardia, mareos o sofocos, aunque algunos expertos lo consideran un mito romántico.
El director de la galería, Eike Schmidt, acentúa el gran impacto que tiene para el público estar en presencia de su obra de arte favorita y que esto puede causar estrés emocional, psicológico y también físico, a lo que añade: “Hay que destacar el efecto del arte, que como la música tiene una gran fuerza psicológica en los seres humanos”.
La ciudad de Florencia es la cuna del supuesto síndrome. Allí lo sintió en carne propia el escritor francés Stendhal en 1817, cuando entró en la Basílica de la Santa Cruz y se sintió abrumado por tanto esplendor, por lo que escribió: “Había alcanzado ese nivel de emoción en el que las emociones celestiales de las artes y los sentimientos apasionados se encuentran. Me dio un vuelco el corazón, caminaba temiendo caer”.
Desde entonces, esas sensaciones, se han repetido entre entusiastas y algunos fanáticos, por lo que lleva su nombre y se ha hecho un hueco en el imaginario popular.
Por encima del elemento romántico de tan discutido síndrome, el director relata que están prácticamente familiarizados con los desmayos de los visitantes: “Sucede frente a las obras de arte más grandes, más famosas”.
Por citar un ejemplo, el directivo señala que hace unos meses, durante la inauguración de la nueva sala dedicada a Caravaggio, se desvaneció un hombre frente a La cabeza de Medusa, una de las obras más inquietantes del genio del barroco.
El arte tiene funciones curativas y hay estudios que lo avalan, como el que se realizó en 2016 en el santuario barroco de Vicoforte, al norte de Italia.
Allí, un equipo de científicos tomó muestras de saliva a más de cien visitantes antes de que entraran en el monumento. El profesor Enzo Grossi explicó al diario La Repubblica que a la salida comprobaron que los niveles de cortisol, la llamada hormona del estrés, se habían reducido en un 60% en la mayoría de los casos.
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